Evangelio 7 de diciembre 2021 - Lecturas del día

Primera lectura: Isaías 40, 1-11
En la primera lectura de hoy, tomada del libro de Isaías, encontramos un mensaje de consuelo y esperanza para el pueblo de Israel. El profeta Isaías anuncia que ha llegado el momento de la liberación y el perdón para el pueblo, ya que Dios ha decidido mostrar su misericordia y restaurar a su pueblo.
Isaías comienza diciendo: "Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios". Aquí vemos la ternura y el amor de Dios hacia su pueblo, llamándolos a consolarse y a encontrar consuelo en Él. Dios no abandona a su pueblo en medio de sus dificultades, sino que está dispuesto a consolarlos y restaurarlos.
El profeta continúa diciendo: "Hablad al corazón de Jerusalén y decidle a voces que su servicio ha terminado, que su culpa está pagada". Aquí vemos que Dios está dispuesto a perdonar y liberar a su pueblo del peso de sus pecados. Dios no quiere que su pueblo viva en la culpa y la condenación, sino que desea liberarlos y restaurar su relación con ellos.
Isaías también anuncia la venida del Señor: "Una voz grita: 'En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa un sendero para nuestro Dios'". Aquí vemos la promesa de la venida del Mesías, quien vendrá a traer salvación y redención al pueblo de Israel.
El profeta describe la grandeza y el poder de Dios, diciendo: "La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre". Aquí vemos la confianza en la fidelidad y el poder de Dios. Aunque todo en este mundo sea efímero y perecedero, la palabra de Dios es eterna y nunca falla.
Isaías concluye diciendo: "Como un pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos y los llevará en su seno; él mismo los guiará a los manantiales de aguas". Aquí vemos la imagen de Dios como un pastor amoroso que cuida de su rebaño. Dios no solo perdona y libera a su pueblo, sino que también los guía y los provee de todo lo que necesitan.
Esta lectura nos invita a confiar en la misericordia y el amor de Dios, sabiendo que Él está dispuesto a perdonar, liberar y guiar a su pueblo. Nos recuerda que aunque enfrentemos dificultades y desafíos en la vida, podemos encontrar consuelo y esperanza en Dios, quien nos cuida como un pastor cuida de su rebaño.
Salmo: Salmo 95, 1-2. 3 y 10ac. 11-12. 13-14
El salmo de hoy nos invita a alabar y adorar al Señor por su grandeza y su amor. El salmista nos exhorta a cantar y proclamar la grandeza de Dios, reconociendo que Él es el único Dios verdadero y digno de alabanza.
El salmo comienza diciendo: "Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra". Aquí vemos la invitación a alabar a Dios con un cántico nuevo, reconociendo que Él es digno de toda alabanza y adoración. El salmista nos anima a proclamar la grandeza de Dios a toda la tierra, para que todos puedan conocer y adorar al Señor.
El salmo continúa diciendo: "Decid a Dios: '¡Qué admirables son tus obras!'". Aquí vemos la invitación a reconocer y admirar las obras de Dios. El salmista nos anima a contemplar la creación y maravillarnos ante la grandeza y la sabiduría de Dios manifestadas en ella.
El salmo también nos recuerda la importancia de escuchar la voz de Dios y obedecer sus mandamientos. El salmista dice: "Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis vuestro corazón". Aquí vemos la invitación a abrir nuestros corazones a la voz de Dios y a responder con obediencia y humildad.
El salmo concluye con una hermosa declaración de confianza en Dios: "El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía". Aquí vemos la afirmación de que Dios es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo. Reconocemos que Él nos guía y nos cuida como un pastor cuida de su rebaño.
Este salmo nos invita a alabar y adorar al Señor, reconociendo su grandeza y su amor. Nos anima a contemplar las obras de Dios y a escuchar su voz, respondiendo con obediencia y humildad. Nos recuerda que somos el pueblo de Dios, y que Él nos guía y nos cuida como un pastor cuida de su rebaño.
Evangelio: Mateo 18, 12-14
En el Evangelio de hoy, Jesús nos habla de la parábola de la oveja perdida. Jesús utiliza esta parábola para ilustrar el amor y la misericordia de Dios hacia aquellos que se han alejado de Él.
Jesús comienza diciendo: "¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida?". Aquí vemos la imagen de un pastor que deja a las noventa y nueve ovejas seguras para ir en busca de la oveja perdida. Jesús nos muestra el amor y la preocupación de Dios por cada uno de nosotros, incluso cuando nos alejamos de Él.
Jesús continúa diciendo: "Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado". Aquí vemos la alegría y la celebración que hay en el cielo cuando un pecador se arrepiente y vuelve a Dios. Jesús nos muestra que Dios se regocija cuando un pecador se arrepiente y vuelve a Él, demostrando su amor y misericordia.
Jesús concluye diciendo: "No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños". Aquí vemos la voluntad de Dios de que todos los pecadores se arrepientan y vuelvan a Él. Dios no quiere que ninguno de sus hijos se pierda, sino que todos encuentren la salvación y la vida eterna en Él.
Esta parábola nos invita a reflexionar sobre el amor y la misericordia de Dios hacia nosotros. Nos muestra que no importa cuán lejos nos hayamos alejado de Dios, Él siempre está dispuesto a buscarnos y a perdonarnos. Nos recuerda que no importa cuán pequeños o insignificantes nos sintamos, somos valiosos y preciosos para Dios.
Las lecturas de hoy nos invitan a confiar en la misericordia y el amor de Dios, a alabar y adorar al Señor por su grandeza y a reconocer su amor y preocupación por cada uno de nosotros. Nos recuerdan que Dios está dispuesto a perdonar, liberar y guiar a su pueblo, y que Él se regocija cuando un pecador se arrepiente y vuelve a Él. Que estas lecturas nos inspiren a buscar a Dios, a escuchar su voz y a responder con obediencia y humildad.

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